Antes de que ella se deshiciera de su ultimo lapsus monumental en el juicio, ella domó su anudado cabello, que rebotaba alrededor de sus hombros magullados. Se vistió con un suéter de cuello alto, un par de jeans, James se había encargado de comprar ropa para ella, fue una novedad que recordara su talla. Cuando salió a la sala de estar, encontró a James de pie frente al gran ventanal. Astrid caminó hacia la salida y no respiro hasta que la puerta principal del departamento se cerró. Detrás de e