El interior de la casa se notaba muy lujoso y había varios sirvientes andando de un lugar a otro por los pasillos, llevando unos manteles y sillas para el jardín.
- Bienvenidos – les saludo uno de esos sirvientes, al verlos andar por el pasillo.
- Gracias ¿y mis abuelos? – preguntó el pelinegro.
- Ellos ya están en el jardín con los demás – informó el mayor mirando con cariño a los pequeños – ya mando algo de jugo y agua para ustedes.
- Gracias – dijo Víctor avanzando por el lugar hasta legar a