231. Verdades detrás del diagnóstico
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Las luces del hospital titilaban levemente, proyectando sombras en las paredes blancas. Isabel llegó al mostrador casi sin aliento, con el cabello despeinado y la ropa empapada de sudor. El miedo la había impulsado a correr sin detenerse desde el lugar del accidente.
—¿Callum Rutland? —preguntó con voz entrecortada, tratando de parecer calmada.
La recepcionista levantó la vista, evaluándola por un instante.
—¿Es usted familiar? —pregunta.
Isabel dudó, pero la necesidad de verlo era mayo