159. ¡No me moveré!
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Cuando llegaron al punto de encuentro con los demás, Giselle abrió la puerta trasera de la camioneta revelando a Julieta, dejando entrar el aire fresco que le confirmó que estaban cerca de la salida de la mansión. Julieta dejó escapar un suspiro de alivio, aunque seguía apoyándose en ella, demasiado débil para mantenerse completamente erguida en el asiento.
—Casi te sacamos de este lugar —murmuró Giselle, escaneando el área con la pistola lista— estarás bien.
—Ya regresó, voy por Max —d