126. Encajar
126
Al amanecer, la luz se colaba tímidamente entre las cortinas y el primer reflejo hizo que Isabel despertara despacio. Cuando abrió los ojos, notó que estaba en su cama, arropada, y a su lado estaba Callum, con su brazo aún envolviéndola, profundamente dormido. Era raro verlo así, relajado y a su lado, algo que no ocurría con frecuencia. Recordó vagamente la noche anterior, la tensión, el dolor y las lágrimas que había derramado; sentir su cuerpo junto a ella ahora, casi la tranquilizaba…