122. Nuestro hijo
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Isabel trató de apoyar a Callum lo más que pudo así que él se sintió en deuda… contar una historia que creía enterrada y olvidada.
Isabel lo miró en silencio, esperando que él dijera algo más, llevaban días sin hablar y apenas se veían. Con un suspiro, Callum se sentó en el borde de la cama, e Isabel lo siguió, sin desviar la vista.
—Hace unos seis o siete años conocí a una chica, éramos jóvenes e inmaduros —comenzó Callum—. Ella era una joven de la nobleza, su familia y la mía eran más o