En el momento en que las miradas de los dos se encontraron, el viento pareció detenerse, las risas de los niños se alejaron, y todo el mundo quedó en silencio.
En los oídos de Cira solo quedaban las palabras que le dijo en su momento, persiguiéndolo: —Gerardo, si te vas esta vez, no te perseguiré más.
—Cira —él la llamó.
La garganta de ella parecía estrangulada, pasó un buen rato antes de que finalmente pudiera hablar: —…Gerardo.
Has vuelto.
…
Esa noche ocurrieron muchas cosas, como el inesperad