Cira se cubrió la cara al darse cuenta de lo que acababa de suceder.
Incluso el padre de Cira no esperaba haber llegado a las manos, pero ya que lo hizo, apretó los puños con fuerza: —¡Soy tu padre! ¡Debes obedecerme! Si digo que no puedes casarte con él, ¡entonces no puedes! Él no es una buena persona!
Cira bajó la mano y, con expresión tranquila, le preguntó: —Entonces, cuando me usaste como garantía en ese momento, ¿esos acreedores eran personas buenas?
El padre de Cira quedó completamente im