Cira todavía pulsó el botón para el piso más alto. Aunque él estaba allí, ella estaba ocupada interactuando con él y no tenía tiempo para pensar en el caso de Estela ni en nada más. En cierto sentido, su presencia la tranquilizaba bastante.
Sin embargo, al pensar en tener que dormir con él bajo la misma manta toda la noche, sintió una incomodidad difícil de expresar. Porque, ya sea durante esos tres años o en esas últimas ocasiones, cada vez que compartieron una cama, nunca fue solo para dormir.