Cira cerró los ojos, sintiéndose impotente.
No entendía cómo pudo haber cometido un error tan básico al estar simplemente enferma.
Tras reflexionar por un momento, preguntó a la camarera: —¿Tienes algo de ropa que pueda prestarme? Cualquier tipo está bien.
De todos modos, no podía presentarse ante Marcelo sin ropa.
La camarera se sorprendió un poco y preguntó: —¿Le conviene este uniforme que llevo?
—Sí, está bien.
—Entonces espéreme diez minutos. Iré a buscarlo ahora mismo.
—Gracias.
La camarera