En pleno invierno, cuando salía un día soleado, Morgan y Ramón quedaron para jugar al golf.
Ramón tuvo suerte hoy, logrando un hoyo en uno, lo que desencadenó la invitación a cenar por parte de los demás.
Generoso, Ramón firmó varias facturas, regalando más de ciento cuarenta mil por un simple juego de golf.
Morgan, vestido con ropa deportiva blanca y negra, con gafas de sol, miró hacia el hoyo en la colina, agitando su palo de golf, le dijo: —No necesitas darme la factura. Esa botella de coñac