Cira quería distanciarse de él. Podía sentir incluso las ligeras vibraciones en su pecho cuando hablaba, pero el sillín era individual y la espalda del caballo no era tan grande, así que no podía escapar.
—Entiendo la buena intención del señor Vega, ¡por favor, déjeme bajar! —las últimas palabras fueron prácticamente dichas entre dientes.
Morgan ni siquiera le prestó atención. Simplemente pateó el vientre del caballo y ordenó: —¡Anda!
Cira: ¡!
El caballo, que apenas podía dar dos pasos bajo Cira