Morgan se rió con desdén: —No creo en eso, por eso te pregunto por los detalles, para ver cómo pretendes inventar algo más.
—Si el señor Vega quiere escuchar historias, vaya al teatro —respondió Cira, incapaz de soportarlo. Se liberó de su agarre en la barbilla, sin ganas de decir una palabra más.
Morgan la miró durante unos segundos, luego sus ojos se suavizaron un poco. No hizo más preguntas y, en cambio, agarró sus manos y las llevó a sostener las riendas. Su voz clara carecía de calor.
—Sost