CAPÍTULO 27: CENIZAS Y PROMESAS ROTAS
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(Amanda)
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Tomé un sorbo de café amargo y me quedé mirando a mis hermanas dormidas. Bea se había desplomado en el sofá y Katie en el de dos plazas. El cansancio me hacía bostezar sin tregua, pero mi mente estaba demasiado acelerada para permitirme descansar.
Mi madre resistió toda la noche, pero finalmente se fue de este mundo tranquilamente, bajo el efecto de los medicamentos, poco después del mediodía.
La enfermera del hospital fue increíble y se