Mundo ficciónIniciar sesiónLas horas en la sala de espera se sentían como un mundo suspendido; sin día ni noche, solo el zumbido de las máquinas, el suave arrastrar de pies de las enfermeras y el dolor de una espera que se negaba a terminar. Desde que el cirujano se marchó, Myla se quedó inmóvil, apretando con los dedos el vaso de papel con café, antes caliente, hasta que este se dobló en su mano.







