La autopista se extendía como una cinta oscura frente a los faros del coche, mostrando un mundo exterior sombrío y poco acogedor. Cuanto más se alejaban de la ciudad, más silenciosa se volvía la noche; los únicos sonidos que quedaban eran el zumbido del motor y la respiración suave e irregular que venía del asiento del copiloto.
Eddie se movía inquieto en sueños… si es que a eso se le podía llamar sueño. Tenía la cabeza apoyada descuidadamente contra la ventanilla y los labios se le movían en s