POV: Aurora
Regresé a la mansión con el olor de Lucian pegado a mi piel como un tatuaje invisible.
Era una mezcla de humo de leña, lluvia fría y ese aroma a invierno limpio que se había filtrado a través de mi ropa y mis poros durante las horas en la cabaña. Me sentía... confundida. Suavizada. La risa compartida en el río había derribado muros que pensé que eran indestructibles.
Subí las escaleras en silencio. La casa dormía.
O eso creía.
Abrí la puerta de mi habitación y entré. No encendí la luz. La luna llena iluminaba el espacio con una claridad espectral.
Me giré para cerrar la puerta.
Una mano golpeó la madera sobre mi cabeza. BAM.
El sonido fue seco. Violento.
Me quedé helada, con la mano todavía en el pomo. No necesité girarme para saber quién era. La energía detrás de mí no era estática; era radiación nuclear.
El aire de la habitación cambió instantáneamente. El oxígeno se evaporó, reemplazado por un calor denso y sofocante.
—Apestas a él —gruñó una voz en mi oído.
Kieran.
No