Isabella no soportaba en absoluto el cambio que veía en Alessia. Desde hacía un buen rato, su hermana se mostraba tranquila, e incluso aquella sonrisa no había desaparecido de su rostro.
La envidia fue oscureciendo cada vez más el corazón de Isabella. Alessia debía estar herida. Debía sentir celos al verla a ella ahora.
Sin pensarlo dos veces, Isabella se aferró con dulzura al brazo de Lorenzo. Apoyó ligeramente la cabeza sobre el hombro del hombre mientras adoptaba aquella expresión suplicante