ALBA
“Quédate quieta, si te estropeo este delineador, te tengo que rehacer toda la cara”, me ladra Gema como un general al mando de sus tropas. Ligeramente aterrorizada de tener que estar atrapada en esta silla por más tiempo, me aseguro de no mover un músculo, solo rezo a la Diosa para que termine pronto.
"Date prisa, Gema", se queja Tatiana, y puedo decir que se está impacientando con la necesidad de perfección de Gema.
"Roma no se hizo en un día, Tatiana", murmura Gema mientras estudia mi ro