Punto de vista de Elara
Demasiado distraída por su presencia, casi pierdo la noción de lo que dijo.
¿Por qué salí corriendo?
¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Esperaba que me quedara sentada obedeciendo como una mascota agradecida?
"Porque no quiero estar aquí", dije con sinceridad, a pesar de que mi vida pendía de sus manos. Literalmente.
Sus dedos me sujetaron la mandíbula con suavidad, pero aun así pude sentir el poder que ejercían sus manos.
Con la más mínima presión, estoy perdida.
Ladeó la cabeza. "Pero me perteneces", respondió con calma, como si lo que había dicho tuviera sentido.
"No, no me perteneces", dije.
"Sí, me perteneces", insistió. "...porque si no fuera por mí, todavía estarías pudriéndote en ese infierno donde te encontré".
Apreté los dientes para no decir algo duro.
“Bien, me salvaste.” Admito con los dientes apretados. “¿Puedes soltarme?”
“¿Por qué lo haría?” Me miró fijamente; sus ojos oscuros no reflejaban lo que sentía ni pensaba. “Te traje aquí porque eres mi co