CAPÍTULO 121

—Te ordeno que…

Antes de que pudiera terminar, la puerta se abrió de golpe con un fuerte estruendo.

La doctora y yo giramos la cabeza hacia la entrada de inmediato.

—¡BASTA!

La voz de mi padre estalló en la habitación mientras entraba con una furia evidente en el rostro. Sus ojos se movieron entre la doctora, que estaba de rodillas en el suelo, y yo, que permanecía de pie sobre ella.

—¿Qué demonios está pasando aquí? —exigió saber.

La doctora temblaba violentamente.

—Papá, no es nada —dije rápi
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