Olivia cayó de rodillas al suelo, siendo aún sujetada por el Wendigo, que evitó de apretarla. La Omega abrió los ojos, viéndose en el pueblo que Diego comandaba como Alfa, pero en el pasado. ¿Cincuenta años tal vez?
No tenía ni idea.
Sólo entonces vio que estaba al lado de un chico, de ojos intensamente azules y cabello rubio. La mirada amable y llena de vida, así como la sonrisa fácil, muy diferente de la criatura a su lado. No debería tener más de diecisiete, quizás dieciocho años. Aunque la