Lucian
Quien se hubiera atrevido a apostar que jamás me habría puesto delante de una explosión de arcanóxido para proteger a alguien más, ahora estaría llorando por perder todo su dinero. Y ese pobre imbécil probablemente sería yo mismo.
Todavía no puedo creer que haya protegido con mi cuerpo a Alina y a ese pequeño niño humano, para terminar con esquirlas de plata enterradas en mi piel.
No sé si sentirme furioso, o agradecido con ella por sacar el último pedazo del metal ardiente dentro de mi