[Punto de vista de Araya]
Araya no sabe cuánto tiempo ha estado caminando. Horas, quizás. O días. El tiempo ha perdido todo significado en la oscuridad del bosque.
Sus pies descalzos están desgarrados y sangrando, cortados por rocas y espinas que no puede ver en las sombras. Su vestido blanco, una vez prístino para el juicio, ahora está destrozado y manchado de sangre y tierra. Se adhiere a su cuerpo, pesado con sudor y la lluvia que comenzó a caer en algún momento después de que entrara al bosque.
El dolor en su pecho donde el vínculo fue arrancado todavía arde, un recordatorio constante de lo que Jasper hizo. Pero peor son los calambres en su vientre, los dolores agudos que vienen en olas y la dejan jadeando.
Araya se detiene, recostándose contra un árbol para recuperar el aliento. Su mano presiona contra su estómago, sintiendo por movimiento, por alguna señal de que el bebé todavía está bien.
Por favor, está bien. Por favor.
Tiene tanta hambre. La pequeña bolsa que Millie le dio es