65. Ella es mía

Axel dejó de correr en cuanto llegó al precipicio. Su lobo aulló con fuerza y luego volvió a su forma humana, mirando al hombre que se encontraba frente a él con una sonrisa ladina que le hizo ver que estaba ahí y no era precisamente para hablar.

— Por lo que veo, siempre sales en busca del bienestar de tu esposa —dijo Hunter—. ¿Ya me la darás?

— ¿Qué es lo que realmen

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