—…tengo a alguien que me espera.
Cerró la puerta de un portazo.
El dolor aún era demasiado agudo, estuve retorciéndome no sé por cuanto tiempo ¿Cómo es que en las películas se pueden levantar como si nada?
—Vaya, vaya, hermanito—la voz de Eros me sacó de mi trance de dolor, apenas lo vi borroso entrar, estaba al borde de la risa—¿Cuándo entenderás que no debes ser tan confiado?
—Cállate y tráeme algo de hielo—gruñí.
—Hum—lo escuché reír, algo cayó sobre mi mano en la entrepierna.
—¡Hijo de perr