CAPÍTULO 8

Hank se apareció el viernes como si nada hubiese pasado. Aunque salió bastante ebrio del Spyglass la noche anterior, su amigo tuvo la amabilidad de recibirlo en su departamento y prestarle algo de ropa para que fuese a trabajar, a pesar de que le aseguró que tenía ganas de patearlo por imbécil.

―No puedes perder este trabajo, Hank ―le advirtió con severidad mientras iban en un Uber a su casa―. Este es el único sitio, la

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