CAPÍTULO LXII

Aston sabía que estaba enamorado de Fira, pero supo que estaba verdaderamente perdido cuando se dio cuenta que adoraba cómo los rayos del sol, que se filtraban por la enorme ventana principal, se colaban entre las hebras de su cabello oscuro, generando filamentos de luz que se fragmentaban en los colores del arcoíris.

Cada uno estaba de costado, mirándose directo a la cara, en silencio, enrollados en las cobijas. Un pezón juguetón se asomaba po

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