Trago grueso ante la afirmación de mi esposa, ¡pero no soy capaz de emitir ningún comentario! — señor, le puede traer la misma orden a mi esposo, por favor — ¡no tengo apetito Sofía!
— vas a comer porque viniste a almorzar con tu esposa, ¿o me equivoco? Derek está totalmente desencajado, ya no es el hombre imponente que siempre tiene la razón, parece un pequeño ciervo asustado, las notificaciones no paran de sonar en su teléfono, así como los mensajes, yo observo todo lo que llega, pero no abro