El olor almizclado de su propia excitación golpeó las fosas nasales de Joy justo cuando Troy gimió, perdido en el sabor. La lamió de nuevo, con la lengua plana mientras la bebía. Las manos de Joy permanecieron retorcidas en su cabello, sus uñas se clavaron en su cuero cabelludo mientras él chupaba, su lengua aleteaba ocasionalmente, alimentando las llamas.
Con cada movimiento, Joy se sentía cada vez más cerca de ese pico, pero aún necesitaba más, algo más, sólo un pequeño empujón para tirarla p