Lisa sintió que el corazón se le detenía, literalmente. Alzó las cejas sorprendida y abrió la boca para decir algo, aunque no sabía qué decir.
Max acababa de decirle que se casaran y tuvieran un hijo, eso no podía ser cierto, ¿Verdad? Al menos no en el universo en que estaban en ése momento, trató de calmar a su atolondrado corazón que no entendía de lógica y seguía latiéndole como loco en el pecho.
—Sé lo que parece, Lisa, pero tienes que escucharme. —Él la miró con cautela, temiendo su reacción.
—Tiene que ser un broma, ¿Cierto? Digo, ja, ja, no fue divertido en mi absoluto, Vasilakis —espetó y le dirigió una mirada iracunda, no quería bromas de ese tipo, y lo peor, que aunque fueran una broma le causaran tremendo revoltijo de emociones.
Max acarició su pierna con el dedo índice, Lisa sabía que no debería pero sintió un exquisito placer recorrerle las venas. Tuvo que cerras los ojos y respirar profundo para no caer en sus encantos, y levantarse de la cama. Dejó que la sábana se