Hoy era la Prueba de la Lujuria.
Solo pensar en ello hacía que mis mejillas ardieran y mi estómago se retorciera. No tenía idea de lo que Kaelen esperaba de mí, pero la idea de ser observada… del placer… de mí misma… hacía que mi pulso se acelerara más de lo que quería admitir.
Talia me había ayudado a bañarme en agua tibia con lavanda. El aroma me envolvía como un suave escudo, calmando parte de mis nervios, aunque no hacía nada para detener el aleteo en mi pecho. Luego me entregó el vestido…