Después de saludar a Haimi y quedarme escuchando sus ideas para la boda, salgo y encuentro dos coches negros muy modernos.
—Buenos días —saludo al hombre que se baja.
—Vengo a dejar este coche para Muriel Bentancourt —explica.
—Soy yo —dice Muriel a mis espaldas.
Habla con el hombre, intercambian algunas palabras y él se va en el otro coche que al parecer lo está esperando.
—Creo que no te veré por la tarde, me voy en unas horas —menciona Muriel.
Asiento sin decir nada, camino al esta