Elara no pudo soportar un minuto más. La conversación sobre la vajilla y la cubertería era una tortura, un velo transparente sobre la verdad que Caroline acababa de confesar. Cada vez que Caroline sonreía al hablar de mantelería, Elara solo veía la "aventura" que estaba a punto de robarle. Necesitaba aire, lejos del perfume dulce de Grace y de la risa despreocupada de su nueva rival.
—Disculpen, necesito un momento —murmuró Elara, sin molestarse en inventar una excusa. Se levantó con una gracia