Capitulo 2.

Cubrí mis oídos con los airpods con la finalidad de que los susurros no me incomodaran en todo el vuelo. No me gusta la música ni los ruidos, al menos asi puedo concentrarme en aspectos que tienen más relevancia. Merecía un descanso asi que obligue a mi cuerpo a dormitar mientras todos los demás discutían sobre aspectos que no tienen importancia, no espero nada de nadie y nunca he conocido el apego a las cosas materiales ni mucho menos a las cuestiones sentimentales. Pienso que es mejor dejar ir algo que no te pertenece para poder sobrevivir al infierno en el que nos enviaron a luchar.

—Estoy cansada —dijo Denis al recargar su cabeza sobre mi hombro —. Ya quiero llegar a casa.

—Ya falta poco.

Entre caricias suaves moví de un lado a oro la sortija dorada que cubre la raíz de mi dedo anular, es uno de los pocos símbolos que poseo en el cuerpo que no tienen ningún sentimiento albergado dentro del metal. Fue un arranque de locura la que tuve aquella vez en la que mi firma me condeno a una persona que no amo. Su belleza fue el motor que me impulso para decir “si” antes de que el alcohol que previamente había consumido saliera de mi sistema. Tal vez el enfoque que tuve fue el erróneo, pero a estas alturas ya no puedo dar marcha atrás y simplemente reclamar la libertad que yo mismo me negué solo por experimentar una etapa que había evadido desde que comencé a disfrutar de la belleza de las mujeres por lapsos de tiempo demasiado cortos.

Considero que mi exilio emocional es perfecto dentro de la burbuja en la que me gusta sumergirme. Soy distinto eso siempre lo he sabido. Me entregue a un sinfín de compromisos sociales para conseguir un poco más de lo que mi apellido puede darme. Mis hechos me sepultaron cuando preferí viajar de un lugar a otro antes de regresar a casa y enfrentar a mi padre. No me interesa mirar el rostro de la persona que me abandono, no es por orgullo ni por rencor… aprendí a base de golpes que el mundo es de aquellos que se convierten en cazadores.

Llegamos de madrugada al penthouse y lo único que hicimos fue tirarnos en la cama a descansar. Memoricé cada punto negro del techo… los conté uno a uno deseando olvidar el peso del pasado y obviamente del presente. Antes de que amaneciera salí a correr para terminar mi rutina en el gimnasio. Deniska aun dormía cuando abrí la llave de la regadera limpiando mi cuerpo con un jabón de menta y madera fresca.

—Cariño —el cancel de cristal se abrió para dejarme ver la espectacular vista —. Buenos días —sonrió con fascinación —¿Puedo?

—Adelante —tome una toalla limpia antes de salir de la ducha.

—¿A dónde vas? —frunció el ceño.

—Voy a cambiarme.

—Pero… quiero estar contigo.

—Yo no… hoy no.

—¿Qué te sucede? —no preste atención a su pregunta y me dirigí al vestidor. Ajuste las agujetas de mis zapatos antes de abotonar los botones de mi camisa —. Oye, desde que volviste no quieres tocarme ¿Qué te pasa?

—Nada —dije con tranquilidad.

—¿Ya no te gusto?

—No empieces con eso, por favor.

—¡¿Entonces?!

—¡¿Entonces que?! —levante el tono de mi voz.

—Eres un tonto.

—¿Disculpa?

—No entiendo ni el porque me case contigo.

—Te casate conmigo porque te encanto la enorme cifra de dinero que se oculta detrás de las puertas de mi caja fuerte ¡aceptaste ser mi esposa porque te deslumbro el jodido bulto que tanto te gusta tener entre las piernas! —la mire con odio —. No te hagas la victima porque no te queda, querida.

—No solo fue tu dinero, ni la cosa que tienes… ¡yo si te quiero!

—Querer no es lo mismo que amar. Averigua la diferencia antes de abrir la boca.

—Deja de fastidiarme que en mi estado no puedo enojarme.

—Tu embarazo no es ninguna enfermedad, es más, puedes seguir trabajando desde casa o si prefieres, largate a la oficina de tu padre donde pasas la mayor parte del día.

—¡Dejame en paz!

—Antes de que humildemente cumpla tu absurda petición, te llevare con el ginecólogo para que se encargue de tu embarazo.

—Yo puedo ir sola.

—Eso no sucederá —negué con la cabeza —. Apresurate, que tengo muchas cosas que hacer.

—¡Te odio!

—Aja —sonreí con burla —. Vístete. Ya no hagas berrinches absurdos amor, pronto serás madre.

Entre gritos y llantos obligue a Deniska a subir al auto. Arranco la piel de mis brazos con sus uñas cuando le ajuste el cinturón de seguridad. Solo basto con lanzarle una mirada cargada de odio para que entendiera que mi poca paciencia se estaba terminando. Desconoce mi carácter ya que el tiempo que hemos pasado juntos no ha sido suficiente para que ella pueda identificar mi talón de Aquiles en todos los aspectos de mi personalidad, más sin en cambio, yo puedo enumerar toda la m****a que tiene en la cabeza.

—Buen día —dijo la enfermera al recibirnos en el consultorio del doctor.

—Buen día —respondí.

—Por favor tomen asiento, el ginecólogo los recibirá enseguida.

—Gracias —le ofrecí la silla a mi esposa antes de que tomara asiento junto a ella —¿Seguirás asi todo el día? —tense la mandíbula—. Siéntate —pellizque el puente de mi nariz.

—Después de que nazca el bebé quiero el divorcio.

—Lo tramitaremos desde hoy.

—¡No! —sus manos atraparon mi rostro como si fueran dos imanes —. Lo siento, estoy loca, no me hagas caso.

—Mmh —rodé lo ojos y retiré sus huesudas manos.

—Hola, es un gusto tenerlos aquí —dijo el ginecólogo —¿En qué puedo ayudarlos? —la consulta se extendió más de lo debido, ya que tuvimos que acudir al laboratorio para que los especialistas tomaran muestras de sangre, no solo de Deniska sino también los míos.

—Considero que dejare de trabajar para cuidar de mi bebito ¿Qué opinas?

—Puedes hacer lo que quieras, no tengo problema con ello —puse en marcha el auto.

—Me llevas a comer algo —miro sus uñas apreciando los diamantes de cristal que brillan con la luz del sol.

—No. Tengo cosas que hacer, te dejare en la casa.

—¿Puedo acompañarte?

—No —dije tajante.

—Ok ¿a qué hora regresaras?

—No lo se.

—¿Por qué nunca me llevas a los lugares a los que vas?

—Porque son cosas laborales.

—Quiero saber lo que haces.

—Conformate con recibir una cantidad de dinero cada semana en tu cuenta de banco ¿comprendes?

—Si —levanto sus cejas —. Eres algo aburrido.

—Aja —después de dejar a Deniska en la puerta del elevador del penthouse gire el volante del Bugatti y tome la carretera.

Siempre he sido un hombre solitario que no le teme a nada. El cielo entero se cayó en tempestad cuando cruce las blancas nubes por primera vez, mi paisaje se modificó al trazar una línea recta para mi futuro. No creo en lo divino porque sé que nada puede ser más fuerte que la voluntad que poseo. Tal vez sea eso por lo que mi mente no se ha perturbado con el significado que tiene la palabra “padre” todo lo indispensable que necesito para comprender y entender el concepto lo llevo dentro, soy perfecto. Justifique la existencia de la criatura que lleva mi sangre y la razón me explico que fui yo el culpable, pero también seré yo el que lo reciba con los brazos abiertos dispuesto a mostrale el mundo entero.

—Bienvenido señor Marchetti —baje del auto y le entregue las llaves al guardia de seguridad.

—¿Todo está listo? —ajuste el saco que cubre mi torso.

—Si señor —paso saliva antes de continuar —. Lo están esperando en la habitación de siempre.

—Perfecto —las suelas de los relucientes zapatos se impactaban en el piso de madera mientras me acercaba a la alcoba en donde puedo encontrar un poco de tranquilidad.

—Adelante —una chica giro la manija dorada para ofrecerme el acceso —. Que lo disfrute señor.

Tome la botella de vodka y vertí la bebida en un vaso, inmediatamente la lleve hasta mi boca y la bebi de golpe. Me convertí en un creyente al creer que la chica con sensual lencería saciaría mis instintos carnales. La mire desde la comodidad del sofá en el que descanso los brazos sobre las recargaderas. Sus sensuales labios se transforman cada vez que dirige sus ojos a la abultada cremallera de mi pantalón. Estiro las piernas cuando sus manos aprisionaron el metal con el que soporta todo su peso

—¿Te gusta? —dijo.

—Sssh —acaricie sus labios.

—¿Qué es lo que deseas?

—Que guardes silencio —mi aliento rozo su boca —. No hables —asintió con la cabeza —. Solo has lo que te corresponde —no es necesario narrar lo que sucedió después —. Buena chica —limpie con mi pulgar las lágrimas que salieron de sus ojos por el esfuerzo.

Un simple encuentro que no significa nada…

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