Capitulo 115.
Escuche los tacones de las zapatillas de Agnes, su dulce voz es como un imán para mis oídos. Ya reconozco todo de ella y podría jurar que en la distancia siempre llevare el olor de su perfume incrustado en mi nariz al igual que el sonido de sus gemidos.
—Hola —dijo con una enorme sonrisa entre sus labios.
—Hola —la vi quitarse las zapatillas —¿Me extrañaste?
—No —hizo un puchero con su boquita.
—Mientes —la vi subirse a la cama como una gatita.
—Abrazame, tuve un día de locos —cubrí su cuerpo c