El sonido de sus risas llenó la sala temprano. Orion y Apollo habían apilado todos los cojines del sofá y estaban saltando como si estuvieran en una cama elástica improvisada. Un dibujo animado pasaba en la TV, pero era ignorado en favor del juego que inventaron.
Pero yo no podía sonreír.
Desde la madrugada, ese mensaje pesaba en mi cabeza. Y sabía que no podía guardar aquello sola.
Alexander estaba en la cocina, organizando las tazas en el armario nuevo como si ya tuvieran lugar correcto en