DAMIAN WINTER
—Basta de drama, Stella. Vístete y estate en la oficina antes de las nueve —finalicé la llamada antes de que respondiera, dejando el celular sobre la mesa del camerino.
El maquillaje en mi rostro era sutil, solo lo suficiente para suavizar el brillo de la piel bajo las luces intensas.
Mi padre apareció detrás de mí en el espejo con una sonrisa satisfecha, orgulloso como si estuviera a punto de recibir una medalla de honor al mérito.
—¿Estás listo? —preguntó, ajustando la solapa