— ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué has hecho eso?!—Gritó Nancy en cuanto entraron en la mansión.
—Por favor, mi niña, no quiero hablar de esto, sé por qué hago las cosas como ves.
Nancy no podía contener las lágrimas pero desde luego sus lágrimas no se debían a algún dolor que una mujer como ella pudiera estar sintiendo -si es que lo había-, sus lágrimas se debían al capricho fallido que no podía vencer.
Nancy no sabía qué más hacer para convencer a su padre. Quería casarse con Damián y no importaba lo qu