Capitulo 40

DIEGO

Llegué a casa, sumamente molesto, arrojé mi maletín en la cama, mientras ella atendia una llamada.

La miré fijamente, ¡Dios! porque tenia que ser tan jodidamente hermosa, eso hacía todo más difícil, terminó y se giró hacia mi.

- ¿Vas a decirme quien es el imbécil que contestó tu teléfono? - le reclamé.

Daba vueltas por la habitación cómo bestia enjaulada, mientras esperaba mi respuesta.

- ¿Ahora tengo que justificarme ante ti por mi trabajo? ¿o con quien lo hago?

- ¡¡Te pregunté
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