DIEGO
Llegué a casa, sumamente molesto, arrojé mi maletín en la cama, mientras ella atendia una llamada.
La miré fijamente, ¡Dios! porque tenia que ser tan jodidamente hermosa, eso hacía todo más difícil, terminó y se giró hacia mi.
- ¿Vas a decirme quien es el imbécil que contestó tu teléfono? - le reclamé.
Daba vueltas por la habitación cómo bestia enjaulada, mientras esperaba mi respuesta.
- ¿Ahora tengo que justificarme ante ti por mi trabajo? ¿o con quien lo hago?
- ¡¡Te pregunté