~COLE BLACKWOOD~
Cuando salí de mi habitación esa mañana, sentía un nudo en el pecho que no me había abandonado desde que discutí con Harper la última vez.
El pasillo que recorría la planta alta, estaba en silencio, apenas iluminado por la luz suave de la mañana que se filtraba por las ventanas altas y sin quererlo —o quizá queriéndolo demasiado—, mis ojos se desviaron hacia el extremo donde estaba la habitación de Harper.
Varias preguntas invadieron mi cabeza en ese momento: me pregunté si bajaría a desayunar. Si todavía seguiría furiosa conmigo. Si me dirigiría la palabra. Si habría leído la nota que le dejé. Si la flor le habría gustado… o si la habría arrojado a la basura con la misma rabia con la que me había mirado la última vez.
Negué para mí mismo y seguí caminando. No tenía sentido torturarme con suposiciones.
Bajé las escaleras y, justo antes de llegar al comedor, me detuve en seco.
Harper estaba allí.
De pie, a pocos pasos de la entrada, con los brazos cruzado