~HARPER SULLIVAN~
Era duro admitirlo, pero era la verdad. Este matrimonio no dependía de nosotros, sino de Edmund Blackwood, y lo sostuve con firmeza, como si al decirlo en voz alta pudiera convencerme a mí misma de la realidad.
No importaba que dijera Cole, lo que él quisiera o prometiera. No importaba si me deba o no el divorcio, Edmund no lo iba a permitir jamás.
Entonces, Cole ladeó apenas la cabeza y sonrió, negando con una suave sacudida.
—No es así —me dijo.
Fruncí el ceño, irritada.
—¿Cómo que no es así? Tu padre nos controla. Él nos tiene en sus manos. —Levanté la mano y la cerré en un puño apretado.
Lo vi aspirar hondo, como si buscara paciencia. Se pasó una mano por la boca y la barbilla, un gesto cansado, pensativo, y luego volvió a clavar los ojos en mí.
—Es verdad que ambos nos prestamos al juego de mi padre —admitió—. Tú para saldar la deuda de tu padre y yo para que no me desheredara, para que no me dejara sin estas tierras por las que tanto me he sacri