70. Decisión
Ravenna
La casa estaba sumida en un caos ensordecedor cuando desperté. Las voces familiares se mezclaban en una cacofonía de ira y desesperación. Mi corazón latía descontroladamente en el pecho mientras luchaba por contener el torbellino de emociones que amenazaba con dominarme.
Sabía que necesitaba salir de allí, que no podía soportar más la tensión que flotaba en el aire. Pero, al mismo tiempo, mi loba me instigaba a quedarme, a luchar por nosotras. Benjamin estaba allá abajo, en medio de esa