255. Inicio de la caída
Mason
Mi escondite era un laberinto de corredores oscuros, paredes húmedas y celdas improvisadas donde mantenía a los lobos que usaba para manipular a otros. El olor a miedo y desesperación impregnaba el aire, mezclado con el aroma metálico de la sangre seca. Un silencio opresivo envolvía el lugar, roto solo por los gruñidos y gemidos ocasionales de los prisioneros. Caminaba de un lado a otro en mi oficina, sintiendo el peso de la derrota inminente. Mis aliados caían, uno por uno, como piezas d