Entró en la habitación. Dante estaba allí, de pie junto al bar, con la camisa desabrochada lo suficiente para dejar a la vista su trabajado torso.
Dante no se movió, simplemente la observo con esos ojos que parecían querer devorarla.
- Llegas tarde- Dijo.
- Llegue justo a mi hora, Señor- Respondi