POV DE NATHAN
Observé a través del cristal tintado cómo Elena se alejaba. Sus hombros estaban erguidos —una falsa muestra de fuerza que empezaba a reconocer— pero la forma en que apretaba esas flores la delataba. Las sostenía como si fueran un salvavidas. No puse el auto en marcha. No pude. Simplemente me quedé allí sentado, en el pesado silencio del asiento trasero, siguiéndola con la mirada hasta que las puertas de cristal del hotel se la tragaron por completo.
Mi teléfono vibró contra mi pie