Permanece en silencio, con la mirada en cualquier lado menos en mí, se levanta de su sitio y entonces su mirada se cruza con la mía, es fría y severa, esta enfadado o mejor dicho furioso, pero no sé si lo esta con el final de mi historia o conmigo, por lo que suspiro, pero trato de no emitir ni un solo sonido.
—Dime su nombre—solicita, pero su voz se escucha un tanto escalofriante.
—¿Qué vas a hacer?—me atrevo a preguntar, pero algo dentro de mí se inquieta.
—¡Solo dime su maldito nombre!—expre