Camil lo mira y frunce un poco el ceño.
—¿No debes irte?
—El alpha me ha pedido que me quede contigo hasta que te marches.
—¿En serio?
—¿No quieres que me quede? —Laín la mira de reojo y ella se pone toda nerviosa.
—Puedes quedarte, no tengo problema con eso. Pero ¿y la tormenta? No podrás regresar con el coche, el paso se cerrará.
—Sabes bien que eso no es un impedimento para mí.
La mujer asiente.
Muerde un poco sus labios mientras que espera su vuelo.
—Te parece mucho a la esposa del alpha.
—