Damian trabajaba en su despacho. Incluso siendo el CEO del Grupo Alexander y afirmando estar enfermo, no podía soltar sus responsabilidades.
Mientras tanto, Livia permanecía en su habitación, hecha un ovillo en el sofá. Sus pensamientos eran un enredo imposible mientras intentaba darle sentido a todo.
¿Por qué Brown se veía tan molesto cuando pregunté por Helena?
Helena es la mujer que le gusta a Damian, ¿no? ¿No debería estar feliz de que haya vuelto? No tiene ningún sentido.
—¡Maldición! —sol