Capítulo 8. No recordarías nada.
William
Abrir los ojos era casi tan doloroso como respirar, había hecho de mi habitación el sitio perfecto para pasar mis días y recuperarme de todo el dolor que sentía.
Entre tanto alcohol y sufrimiento ya había olvidado lo que era tener una vida normal, me levanté con mucha dificultad para ir al baño, estaba completamente desnudo y ver mi reflejo en el espejo me hizo entender qué por más fuerte que seamos, siempre llega un momento que te desploma completamente.
Encendí la luz de la habitación